El escudo de la fe

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Hebreos 11:1

Es muy difícil hablar de fe cuando no se ha vivido, cuando aún no buscamos el galardón que es Cristo Jesús (Hebreos 11:6b).

Cuando empezamos el camino con Jesús, las asechanzas aumentan a nuestro alrededor y las pruebas para nuestra fe inician; pero no es tiempo de alarmarse, “porque por fe andamos y no por vista” (2 Corintios 5:7).

Pero, el afán es uno de los dardos que usa el enemigo para perturbarnos y golpear nuestra fe (Efesios 6:16). ¿Cómo evitamos que los dardos del enemigo nos toquen? Apropiándonos de la palabra de fe de ningún arma forjada contra nosotros prosperará (Isaías 54:15-17) y orando y rogando a Dios (Filipenses 4:6). Santiago nos advierte que no recibiremos nada si dudamos (Santiago 1:6-7).

Nuestro Señor Jesús nos dió una enseñanza, que cada día tiene su propio mal, por lo cual, ocúpate de evitar hoy de caer en las tentaciones del enemigo (Mateo 6:34). Debemos tener fe en Dios (Marcos 11:22) y en su promesa, cuidando con temor y temblor el galardón prometido de la salvación (Filipenses 2:12).

Mientras tanto hermanos, debemos contentarnos sin importar la condición en la que estemos, sin perder el gozo y nuestra esperanza en Cristo Jesús (Filipenses 4:19). Recordando que cuando se prueba nuestra fe, se produce paciencia; y con esa paciencia podemos hacer completas nuestras obras en Cristo Jesús.

¡Hermano, defiende el lugar que Dios te ha dado dentro de la congregación, con tu escudo, tu espada y toda la armadura!

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