La luz de los hombres, testimonio de la Verdadera

“Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.” (Juan 1:6-8)

Cuando somos llamados al evangelio de N.S. Jesucristo pasamos a ser luminarias del mundo (Mateo 5:14), donde mostramos la Luz Verdadera a través de la predicación de la Palabra. Este es el mismo caso de Juan el bautista; él vino para dar testimonio de la luz, pero luego, los hombres no recibieron a Jesús (Juan 1:11).

Los hombres en aquel entonces cometieron un error: Se regocijaron por un tiempo en la luz de Juan. (Juan 5:35b) Esto aún ocurre en la iglesia de hoy, los hombres se regocijan de la luz que muestran los hombres y no siguen a la Luz Verdadera. Pero la palabra nos corrige: “No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz”. (Juan 1:18)

Al igual que Juan, los siervos de Dios son enviados para dar testimonio y anunciar las vir-tudes de Cristo; son llamas de fuego (Hebreos 1:7) que alumbran y arden (Juan 5:35a), pero no son eternas. Por eso los discípulos de Juan cuando oyeron el testimonio que él daba de Jesús, siguieron al maestro (Juan 1:36-37), porque la luz de Juan los condujo (como una antorcha) hasta encontrarse la Luz Verdadera.

La luz de Juan tuvo su precio: muchos ayunos, ropa áspera y separación total del mundo. Por eso es más cómodo para muchos seleccionar una luz que les alumbre y regocijarse en ella, que dejar encender su antorcha de quien bautiza con el fuego del espíritu. Según las escrituras, a Dios no le es agradable que nos rodeemos del fuego que queramos (Isaías 50:11)

Entonces, ¿cómo vamos a permanecer hasta el fin si no procuramos la Luz Verdadera? ¿Buscaremos una luz efímera para regocijarnos y alum-brarnos temporalmente sin arrepentirnos de nuestros pe-cados? Y cuando se nos declare nuestro pecado, ¿buscaremos otra luz efímera que nos regocije y nos alumbre por otro tiempo?

“¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios.” (Isaías 50:10)

Sólo apoyados en Cristo, recibimos el óleo para ser encen-didos por su Espíritu Santo.

Porque,

“tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones.” (2 Pedro 1:19)

¡No apaguéis el fuego del Espíritu Santo!

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Antorchas encendidas

“Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.” (Juan 1:68)

Cuando somos llamados al evangelio de N.S. Jesucristo pasamos a ser luminarias del mundo (Mateo 5:14), donde mostramos la Luz Verdadera a través de la predicación de la Palabra. Este es el mismo caso de Juan el bautista; él vino para dar testimonio de la luz, pero luego, los hombres no recibieron a Jesús (Juan 1:11).

Los hombres en aquel entonces cometieron un error: Se regocijaron por un tiempo en la luz de Juan (Juan 5:35b). Esto aún ocurre en la iglesia de hoy, los hombres se regocijan de la luz que muestran los hombres y no siguen a la Luz Verdadera. Pero la palabra nos corrige: “No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz”. (Juan 1:8)

Al igual que Juan, los siervos de Dios son enviados para dar testimonio y anunciar las virtudes de Cristo; son llamas de fuego (Hebreos 1:7) que alumbran y arden (Juan 5:35a), pero no son eternas. Por eso los discípulos de Juan cuando oyeron el testimonio que él daba de Jesús, siguieron al maestro (Juan 1:36-37), porque la luz de Juan los condució (como una antorcha) hasta encontrarse la Luz Verdadera.

La luz de Juan tuvo su precio: muchos ayunos, ropa áspera y separación total del mundo. Por eso es más cómodo para muchos seleccionar una luz que les alumbre y regocijarse en ella, que dejar encender su antorcha de quien bautiza con el fuego del espíritu.

Según las escrituras, a Dios no le es agradable que nos rodeemos del fuego que queramos. (Isaías 50:11)

Entonces, ¿cómo vamos a permanecer hasta el fin si no procuramos la Luz Verdadera? ¿Buscaremos una luz efímera para regocijarnos y alumbrarnos temporalmente sin arrepentirnos de nuestros pecados? Y cuando se nos declare nuestro pecado, ¿buscaremos otra luz efímera que nos regocije y nos alumbre por otro tiempo?

¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios. (Isaías 50:10)

Sólo apoyados en Cristo, recibimos el óleo para ser encendidos por su Espíritu Santo.

Porque, “tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones”. (2 Pedro 1:19)

Dios les bendiga.