Conciencia

“Bendeciré a Jehová que me aconseja;
Aun en las noches me enseña mi conciencia.”
Salmo 16:7

Nuevamente estoy escribiendo, gracias a Dios. Hace unos días pude conversar con un hermano muy entrañable, el cual me hizo comprender y confirmar algunas cosas que en estos meses de silencio había estado meditando.

Una de ellas es la conciencia. Muchas veces vemos actos o nosotros mismos los cometemos y siempre sale a flote la pregunta: ¿Por qué Dios lo permite?

Si seguimos esa línea de pensamiento, abrimos las puertas hacia un conflicto de fe, en el cual cuestionamos a Dios por sus acciones; un derrotero que no es bueno tomar, porque conocemos por La Palabra (en palabras llanas) que a “Dios nadie le a torcido el brazo” (Isaías 44:8).

Ahora bien, si vemos las escrituras en el Antiguo Testamento, vemos que en la dispensación de la gracia Dios habla a nuestra conciencia. Existe un único versículo en el Antiguo Testamento que habla de la conciencia, el Salmo 16:7, donde el salmista expone que Dios le aconseja, instruyendo su conciencia.

En dicho salmo encontramos -lo que siempre afirmo- que el primer cristiano fue el Rey David, porque al vivir de la presencia del Espíritu Santo experimentó la gracia de N. S. Jesucristo de manera profética.

El Rey David no tenía excusas para con Dios; por esto, siempre vivía humillado delante de su presencia. El sabía cuando hacía lo malo y la acción del Espíritu Santo a través de su conciencia, le convencía de Pecado, de Justicia y de Juicio (Juan 16:8).

¿Y ahora con nosotros? Que conocemos que Jesús murió por nosotros (los que sabemos que no es una fábula, ya que él nos ha rescatado de nuestras metidas de pata un sin número de veces) y aún pretendemos que todo está bien porque ignoramos lo que a gritos nuestra conciencia nos dice.

Hermanos amados, nos es que Dios lo permita, sino que Usted, él y yo, no hacemos caso a nuestra conciencia. Entonces, ¿por qué Dios lo permite? Porque su longanimidad tiene que llevarnos al arrepentimiento (Romanos 2:4).

Dios espera que en algún momento nuestra conciencia despierte para escuchar su voz. Ahora, si duramos toda la vida y no escuchamos nada, ya sabemos que tenemos una factura pendiente que deberemos de pagar.

Todos sabemos en qué estamos en falta. Como dice la escritura:

“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” Gálatas 6:7

Entonces, si en este momento usted recuerda que tiene cosas pendientes que ha hecho mal, porque su conciencia le está acusando (Juan 8:9), retírese y busque la manera de remediar el mal que ha hecho. Ahora, si no tiene mala conciencia, no se justifique (1 Corintios 4:4) ya que esto no vale ante los ojos de los hombres, mejor continúe el camino del bien hasta llegar a su premio.

Recordemos siempre esto: Más que intentar limpiar nuestra carne del pecado mediante rutinas (lo cual en nuestra naturaleza es imposible), procuremos salvarnos mediante la aspiración de una buena conciencia hacia Dios, por medio de la fe en N.S. Jesucristo (1 Pedro 3:21).

¡Dios les bendiga!

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