¿Por qué no escuchamos la voz de Dios?

Hablamos hace poco sobre la conciencia. Muchos dicen que no escuchamos la “voz de la conciencia” y eso es una gran realidad. Conociendo esto, vamos a otro punto: Si no escucho mi conciencia, mi propia voz, ¿cómo he de escuchar la voz de Dios?

Recuerden que en el Salmo 16, el salmista habla de que Dios instruye su conciencia. Es decir, que Dios siempre nos enseña lo que es correcto, en cambio, nosotros decidimos nuestras acciones.

Siempre me ha cautivado la maravisolla objetividad de N.S. Jesucristo. El hace del evangelio algo simple. Nos dice en Mateo 12:30: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.”

Luego, encontramos una repetición, para los que no entienden las indirectas; en Lucas 11:23: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.”

Muchas veces queremos pretender y decir que somos de Dios, pero si no lo soy realmente no estoy con El, aunque lo diga. Este es un punto importante, porque hay casos en que los hombres han sido de Dios y todavía la gente las ve y las percibe en su exterior que lo son.

Recuerden el caso de Pedro cuando negó a Jesús: Ninguno de los discípulos lo condenó, le reclamó o le reprochó. No, de ninguna manera. La conciencia de Pedro era suficiente para recodarle lo que había hecho.

Lo más maravilloso es que Jesús se lo había advertido. ¡Cuántas veces Dios ha ministrado a nuestra conciencia y sabemos lo que estamos haciendo! ¡Benditas las ocasiones en que “aquella voz” dentro de cada uno de nosotros nos ha dicho: Detente; y lo hemos hecho!

En pocas palabras, si le hago caso a Dios, estoy con El. Si no le hago caso, no nos engañemos, no estamos con El.

Para terminar y cerrar ideas. Juan 8:43-44 Jesús dice:
“(43) ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. (44) Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.”

No escuchamos a Dios, porque tenemos acciones basadas en deseos en contra de la voluntad de Dios. Al justificar nuestras faltas en vez de ser humildes y presentarnos ante Dios humillados (como David), no andamos en la verdad.

El padre de mentira ya ha sido condenado (Juan 16:11), en cambio nosotros, tenemos la maravillosa oportunidad del arrepentimiento (empezando por mí y por todos los que dicen que son Dios).

¡Dios les bendiga!

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