Nos conectamos cada día a través de diferentes dispositivos, realizamos una serie de tareas y funciones, pero no nos hemos detenido a pensar que todo lo que estamos realizando es gracias a la Inteligencia Artificial (IA) que nos brinda una experiencia innovadora con los sistemas automatizados. En esta segunda parte, Arturo López Valerio nos invita a ver aquellos retos que se enfrentan en la economía digital a través del desarrollo de estas tecnologías, destacando la necesidad de mantener la interacción y conexión para que puedan mantenerse con esa calidad humana en su función con las redes sociales, aplicaciones y entretenimiento digital (como los videojuegos), entre otros servicios. La inteligencia artifical en la República Dominicana ha incrementado cada dia más mientras la sociedad se digitaliza, pero en ese ascenso también existe la urgencia de crear más enfasis en la ciberseguridad para las empresas y los ciudadanos.

Te invitamos a disfrutar esta lectura que te adentrará a la industria de la inteligencia artificial y así también al culminar poder leer la primera parte en el cual Arturo nos habla sobre “Retos de la digitalización de las empresas en la República Dominicana”.

Cada vez son más las tareas y funciones desempeñadas por máquinas. Las aplicaciones de la IA abarcan desde la recomendación de la compra online en productos y servicios hasta la mejora en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades. Pueden residir en aplicaciones móviles hasta dispositivos de un ecosistema del internet de las cosas.

En la República Dominicana dicho avance y transformación está empezando a cambiar la forma en que operan los proveedores de logística como resultado de la tendencia actual hacia la automatización y las continuas mejoras en la informática. La IA aumentará la experiencia humana a través de sistemas que ayudan a generar nuevos conocimientos a partir de grandes datos y eliminar tareas difíciles. En el caso de la logística, la IA permitirá la automatización del back-office, las operaciones predictivas, los activos logísticos inteligentes y los nuevos modelos de experiencia del cliente.

De los retos más importantes a nivel de la economía digital es el fortalecimiento de las tecnologías de distribución para poder habilitar el comercio electrónico a nivel nacional. Esta expansión puede ser posible a niveles increíbles, gracias a la mejora que pueden ofrecer dichos sistemas con mejoras de inteligencia artificial.

Otro de los ámbitos que el dominicano del Siglo XXI debe dominar es la comprensión de la evolución de la IA a través de la interacción con la voz a través de dispositivos inteligentes. Conocemos las debilidades de escritura de una generación completa que pueden ser corregidas con asistentes de voz que capturan, interpretan y procesan los comandos de voz. Esto ayudaría a la inclusión social, ya que el empleado solo tiene que aprender bien sus procesos y comandos. Para tener una medida de dimensión: el impacto de la apropiación de la IA a nivel del PIB proyectado para 2030, china se sitúa en el 26%, seguidos de Estados Unidos y los Emiratos Árabes Unidos con un 14.5% y 135%, respectivamente, mientras que Latinoamérica alcanzará un 5%.

Vivir en un mundo conectado

Todos los aspectos de nuestra vida tienen una relación directa con la tecnología y las redes sociales: cómo nos relacionamos, interactuamos, trabajamos o nos divertimos. Si la Inteligencia artificial es la tecnología digital más revolucionaria, el entretenimiento digital es el sector principal en el crecimiento del uso de internet, un sector que probablemente se ha incrementado durante el confinamiento del COVID-19 junto al teletrabajo o la formación en remoto, entre otras.

En 2019, el acceso a la música y multimedia, los contenidos estrechamente vinculados al entretenimiento digital generaron unos US$169 millones de dólares en la República Dominicana.
Solo el consumo de videojuegos acaparó más del 38% de los servicios de “digital media” en la isla, mientras el video bajo demanda (VOD en sus siglas en inglés), las publicaciones digitales y la música online, se repartieron el pastel alcanzando un total de 10.5 millones de usuarios absolutos en la isla.

El sector audiovisual es una de las tendencias más relevantes por su crecimiento espectacular de los suscriptores a servicios digitales: a principios de 2017 había cerca de tres millones de suscriptores a juegos online en sus distintas modalidades, lo que supone un crecimiento en torno al 17%. La proyección para 2025, es que en suelo nacional existirá un mercado de 5.1 millones de dominicanos suscritos a algún tipo de video juego.

La industria del videojuego tiene una sólida actividad de negocio, cuya facturación en 2020 se proyecta que ascenderá a 93 millones de dólares, un 19.8% más que el año anterior, según la firma Tabuga. Durante ese mismo periodo, la música digital facturará 11.1 millones y los contenidos de streaming unos 54 millones. Esta explosión en el consumo de contenidos digitales apunta hacia modelos como eSports como fuentes de oportunidades para los más jóvenes: un 26.5% de usuarios que consumen la economía digital tiene una edad de 18 a 25 años y el 38% obtienen bajos ingresos conforme a las condiciones de la base de la pirámide.

Este mercado no tradicional puede ser la fuente de empleo directa de jóvenes que ahora se desempeñan en las industrias creativas.

Confianza en el ecosistema digital

Mientras más se digitaliza la sociedad, al mismo tiempo genera dudas y preocupaciones a la ciudadanía sobre el uso que se hace de la tecnología: empresarios y actores públicos son sometidos al escrutinio de los ciudadanos. Los fenómenos como los ciberdelitos, la proliferación de las fake news, el deep fake, generan una serie de problemáticas más generales como la Infodemia o la Infoxicación.

En la actual era digital el tema de ciberseguridad es una de las grandes preocupaciones de empresas y ciudadanos, siendo el 89 por ciento de los participantes del estudio “Generación Z y la nueva fuerza laboral”, clasificó el tema de seguridad como una alta prioridad. Los problemas asociados a la privacidad los hacen vulnerables y suponen riesgos asociados a la digitalización que hay que combatir y eliminar. Al mismo tiempo, los problemas de seguridad limitan de manera importante la utilización de nuevos servicios.

En la medida que el consumo de datos incrementó durante la pandemia, proporcionalmente el incremento de correos electrónicos engañosos (phishing), mensajes SMS, o contenidos a través de las redes sociales y otras técnicas que se han visto en aumento en los últimos meses.

Desde el 26 de marzo hasta el 18 de mayo de este año se reportaron 644,647 infecciones de botnets (robots informáticos) en el territorio nacional, radicadas en 123,231 IPs únicas, lo que corresponde a un incremento de un 408%, al compararse con el mismo período del 2019.

Según el Barómetro de Confianza de Edelman 2019, la desconfianza está siendo impulsada por una creciente sensación de inequidad e injusticia en el sistema. La percepción es que las instituciones sirven cada vez más los intereses de unos pocos sobre todos. En términos digitales el gobierno, más que cualquier institución, se considera menos justo en la aplicación de las políticas para la protección de los ciudadanos; El 57 por ciento de la población general dice que el gobierno sirve a los intereses de unos pocos, mientras que el 30 por ciento dice que el gobierno sirve a los intereses de todos.

Bajo ese contexto, los delitos cibernéticos trabajan para debilitar la confianza de los actores digitales en el sistema y los procesos electrónicos, lo cual es caldo de cultivo para la baja adopción de soluciones digitales al servicio de los ciudadanos.

En el ámbito empresarial, las ciberamenazas resultan cada vez más sofisticadas, y su volumen y capacidad de hacer daño crece constantemente. Se reporta que en el país los ataques de fuerza bruta se elevaron 7,601 eventos en 1,239 IPs únicas durante la pandemia. Las empresas deben comprender que la ciberseguridad debe estar en el corazón de sus procesos de transformación digital de sus organizaciones. La mejor arma para mitigarlas es estar capacitados digitalmente para hacer un uso productivo y responsable de los medios tecnológicos que tenemos a nuestro alcance.

La ciberseguridad se ataca con la confianza de los actores en los procesos y en los equipos de respuesta que deben reaccionar expeditamente bajo los protocolos establecidos. Un proceso que requiere tiempo, pero que, al mismo tiempo, es la zapata de la economía digital.